Villa y corte de Madrid

El 8 de mayo de 1561 Felipe II decidió trasladar la capital del reino a Madrid. Durante años, los historiadores han debatido los motivos de esta decisión del hijo de Carlos I. Según la leyenda, Carlos I aconsejó a su hijo que no trasladara la capital a Madrid «a menos que quisiera perder su reino». Sin embargo, Felipe II tenía buenos motivos para oponerse a su padre: Isabel de Valois, su tercera esposa, no se sentía como en casa en el alcázar de Toledo y prefería los alrededores de Madrid. Este cambio de capital consolidó el poder de los Austrias, eliminó la influencia eclesiástica de la antigua Toledo y castigó a Valladolid por apoyar una revuelta civil. En pocos años, la ciudad de Madrid tuvo un fuerte crecimiento demográfico. Durante la segunda mitad del siglo XVI, la ciudad duplicó su superficie (de 134 hectáreas en 1565 a 282 a finales de siglo) y multiplicó siete veces su población (de 12.700 habitantes en 1561 a 90.000 en 1597). A finales del siglo XVI, la población superaba los 100.000 habitantes, con una mezcla de extrema riqueza y extrema pobreza. La ciudad adquiere un nuevo aspecto con calles principales, paseos ajardinados y zonas comerciales, donde se pueden ver carruajes, caballeros con sirvientes, damas con doncellas, monjes, abogados, soldados y guardias de servicio. Pero también estaban las zonas más desfavorecidas, como San Gil, Las Vistillas, La Morería, Avapiés y el extramuros, donde se concentraba la población más pobre y marginada, atraída por la imagen de Madrid y que acabaron como personas sin hogar conviviendo con criminales que luchaban por sobrevivir en la ciudad

La ciudad comenzó a expandirse siguiendo las rutas que partían desde su núcleo. Las principales arterias conectaban la villa con otros destinos: la calle de Alcalá conducía hacia Alcalá de Henares, la carrera de San Jerónimo llegaba al monasterio del mismo nombre, y la calle de Atocha enlazaba con el santuario homónimo. Hacia el sur, el camino de Toledo y, hacia el norte, los caminos de Hortaleza y Fuencarral, guiaban la expansión urbana en esas direcciones.

Fui sobre agua construida……

 El que se considera el primer símbolo heráldico de Madrid, fechado hacia el siglo XII, mostraba un pedernal parcialmente sumergido en agua, acompañado a ambos lados por eslabones que golpeaban la piedra de sílex, generando chispas. Rodeando este emblema figuraba una inscripción en latín: «Sic gloria labore» (así se alcanza la gloria mediante el esfuerzo), y se completaba con una leyenda en castellano que decía: «Fui sobre agua edificada, mis muros de fuego son, esta es mi insignia y blasón». Este antiguo lema, casi desaparecido de la memoria colectiva de los madrileños, apenas deja rastros en algunas calles de la ciudad.  

Fue el emir Mohamed I de Córdoba, quien gobernó entre los años 852 y 886, el responsable de establecer el primer asentamiento estable en la zona donde hoy se alza el Palacio Real. Allí construyó una atalaya o hisn en el valle medio del río, con el propósito de controlar y vigilar el paso de quienes transitaban en dirección a Toledo.

Este enclave militar inicial dio origen a un núcleo urbano que fue creciendo paulatinamente hasta conformarse por dos partes fundamentales: la Almudaina —vocablo que proviene del árabe al-mudayna, que significa ciudadela— y la Medina, es decir, los barrios que se encontraban dentro del recinto amurallado. La elección del emplazamiento no fue casual: su posición estratégica era sobresaliente, situada a unos 70 metros de altura sobre el río Manzanares, lo que ofrecía una clara ventaja defensiva.

El origen del nombre “Mayrit” ha sido objeto de distintas interpretaciones por parte de los investigadores. Una de las hipótesis sostiene que proviene del término árabe Mayra, que puede traducirse como “madre” o “matriz”, unido al sufijo “-it”, que indica lugar. Otra teoría apunta a una combinación entre la palabra árabe Maǧra —que significa cauce o curso de agua— y el sufijo romance “-it”, que denota abundancia, dando como resultado el significado de “lugar abundante en aguas”.

Aprovechando tanto la riqueza hídrica del subsuelo como la ventaja geográfica del emplazamiento, los musulmanes fundaron Mayrit en el siglo IX. Expertos en técnicas hidráulicas, desarrollaron un sistema eficiente de gestión del agua, utilizando norias, acequias, canales, albercas y conducciones subterráneas para captar, almacenar y distribuir el recurso con gran habilidad.